ASOCIACIONES AVISAN DEL AUGE ESTIVAL DE LOS PISOS DE PROSTITUCIÓN EN CANTABRIA

VARIOS COLECTIVOS LLAMAN LA ATENCIÓN SOBRE UN PROBLEMA QUE ESTÁ CADA VEZ MÁS «INVISIBILIZADO» Y CUYO ALCANCE RESULTA «MUY DIFÍCIL» DE CALCULAR

eldiario MONTAÑÉS

Asociaciones como Nueva Vida o Aplec-Inclusión más Igualdad, que han radiografiado la oferta de prostitución en pisos cántabros, han detectado un crecimiento exponencial de la demanda en temporada estival. Es una tónica que viene repitiéndose cada verano, y que no hace más que crecer. «La región pasa a tener el doble de habitantes y muchos de ellos son visitantes que también buscan precisamente esto, porque en algunos casos es turismo sexual», confirman en la asociación Nueva Vida, que en su último análisis identificó 150 pisos de prostitución en la comunidad. Julio David García, responsable de la entidad que lleva tres décadas

ayudando a mujeres en este contexto, confirma que algunas de ellas, lamentablemente,  llegan a la región en verano «para trabajar en la  temporada».

Si hubiera medios para calcular la cantidad de inmuebles dedicados a este efecto durante los meses de junio, julio y agosto, «la cifra sería mucho mayor» que 150, señala. El problema es que una cantidad importante permanece oculta. «En poblaciones pequeñas la gente sabe dónde están aunque no se anuncien en ningún lado. Nosotros llegamos sólo a los que pueden identificarse a través de 
internet», cuentan en Nueva Vida. Son ellos los que han cartografiado el problema, plasmando en un mapa de comarcas la cantidad de pisos dedicados a este fin en la región. Han puesto la lupa en Santander, «porque es el centro neurálgico, lógicamente, porque reúne a la mayor cantidad de gente», aclara García. En la zona que engloba a la capital y a municipios aledaños, como los que están
integrados en parte del arco de la bahía, se cuentan hasta 150 pisos de prostitución. La comarca del Besaya es la segunda que más direcciones publicita en internet, con hasta 27 anuncios. Sorprende que comarcas como Trasmiera y Costa Oriental, que son muy turísticas, no presenten cifras más elevadas pero puede deberse a que el registro es limitado. «Si tuviéramos más financiación y más medios para seguir investigando y visitando pisos, podríamos identificar seguro más, y por lo tanto ayudar a más mujeres, pero a día de hoy llegamos hasta donde llegamos», confirma el responsable de Nueva Vida.

El nuevo modelo de prostitución, que se expande hacia la clandestinidad de los pisos para abandonar el modelo anticuado del prostíbulo –que comenzó como alternativa tras las restricciones que llegaron con la pandemia– está entorpeciendo la lucha contra este negocio. Lo confirman también en la asociación Aplec, donde llevan más de una década visitando estos inmuebles para ayudar a las mujeres explotadas.

«Hemos encontrado casos de alquileres de Airbnb que estaban dedicados a la prostitución», confirma Marina García, coordinadora de la asociación. «Es muy difícil hablar de una cifra de pisos dedicados a la prostitución porque es muy oscilante, dependiendo de la época del año, pero lo que está claro es que está creciendo y aumenta también en verano».

«Si tuviéramos más medios para seguir investigando, podríamos identificar muchos pisos más» 

Julio David García
Asociación Nueva Vida

«Para nosotras es mucho más complicado encontrar a las víctimas y ofrecerles asistencia»

Marina García
Aplec

El ejemplo de este modelo es Santander, donde el gran negocio de pisos turísticos allana el terreno para aquellos casos en que,  precisamente, se ofrecen servicios sexuales sólo en verano. «Para nosotras es mucho más complicado buscar estos espacios 
donde las mujeres están siendo prostituidas. Y si no los encontramos, es muy difícil que prestemos la atención integral que  tenemos: psicológica, sanitaria, jurídica…». Por eso preocupa cada vez más este fenómeno que está invisibilizando el
problema, lo cual también afecta a la imagen global que se tiene socialmente, informan en Aplec.

El ejemplo de este modelo es Santander, donde el gran  negocio de pisos turísticos allana el terreno para aquellos casos en que, precisamente,
se ofrecen servicios sexuales sólo en verano. «Para nosotras es mucho más complicado buscar estos espacios donde las mujeres están siendo prostituidas. Y si no los encontramos, es muy difícil que prestemos la atención integral que tenemos: psicológica, sanitaria, jurídica…». Por eso preocupa cada vez más este fenómeno que está invisibilizando el problema, lo cual también  fecta a la imagen global que se tiene socialmente, informan en Aplec.